Este blog ha sido creado por iniciativa de los egresados de la Escuela Profesional de Ingeniería Naval de la Universidad Nacional de Ingeniería con la esperanza de que a través de los aportes de sus participantes podamos fomentar el desarrollo académico, investigativo e innovador a fin de poder desarrollar una industria tanto tiempo olvidada como la Naval en nuestro País.

lunes, 24 de agosto de 2009

Cuotas bajo la lupa.

El nuevo sistema ha sido positivo, pero aún no se ven todos los resultados

UN BALANCE DEL SISTEMA DE CUOTAS DE LA ANCHOVETA REVELA QUE HA SIDO POSITIVO. SIN EMBARGO, AÚN HAY QUE ESPERAR PARA SABER CÓMO SE COMPORTARÁN LOS GRANDES JUGADORES DE LA INDUSTRIA

Por: Azucena León

Con la entrada en vigencia del sistema de cuotas individuales para la captura de anchoveta, la tercera semana de abril pasado, el sector pesquero peruano dio inicio a una de sus más grandes reformas de los últimos 50 años. El nuevo sistema, con el que el Gobierno se trazó la meta de ordenar el sector y proteger uno de los más abundantes recursos naturales del Perú, modificó sustancialmente la reglas de juego de la industria, al repartir la cuota global que asignaba anualmente el Imarpe entre todos los jugadores (dueños de embarcaciones de acero y madera).

Y aunque es cierto que todavía resulta prematuro hablar del impacto de las cuotas (apenas han transcurrido poco más de tres meses de su implementación), los resultados registrados en la primera temporada de pesca permiten obtener una muestra panorámica sobre cómo están caminando las cosas.

EN PRIMERA
Si hay algo que salta a la vista, desde el saque, es que finalmente el ansiado ordenamiento pesquero empieza a darse. Algunas cifras proporcionadas por el Ministerio de la Producción, el Imarpe y la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP) así lo confirman: el volumen de capturas diarias se redujo de 97.087 TM a 33.866 TM; el número de embarcaciones que sale a pescar pasó de 1.200 a 477; en tanto que los días de pesca aumentaron de 32 a casi 102.
¿Pero que significa todo eso?
En buen cristiano, que la carrera olímpica que se iniciaba con la apertura de cada temporada de pesca y que hacía que todos los actores salieran disparados detrás del recurso para obtener un mejor pedazo de esa torta o cuota, cesó. “Eso nos da una buena señal de que la presión que se ejercía sobre la anchoveta ha disminuido, así como se ha reducido el impacto ambiental, el número de infracciones aplicadas y el de accidentes”, precisa la ministra de la Producción, Mercedes Aráoz.
PRIMER DIAGNÓSTICO
La bióloga Patricia Majluf, de la Universidad Cayetano Heredia, coincide con Aráoz en señalar que las cuotas están contribuyendo a ordenar el sector. Sin embargo, evita confirmar si esta reforma ha reducido la presión sobre el recurso o si realmente ayudará a su sostenibilidad en el largo plazo. “Para afirmar eso se necesitan hacer evaluaciones más profundas. Recién en seis meses podríamos tener un primer diagnóstico”, dijo.
Empresarialmente, el impacto parece estar mucho más claro. Richard Inurritegui, gerente general de la SNP, se remite a un estudio realizado por el gremio pesquero que revela que hoy la materia prima ingresa al proceso de producción en las plantas pesqueras en un mejor estado (el pescado ya no llega en mal estado, pues, al existir una mejor planificación, las colas interminables de las naves para abastecer a las plantas también cesaron) y que la eficiencia en la producción, mejoró casi en 7%. “Antes se necesitaba 4,5 TM de pescado para hacer una de harina. Hoy solo se necesitan 4,2 TM. Lo cual reduce los costos de producción”, precisó.
Pero los beneficios no acaban allí. Humberto Speziani, asesor de alta dirección de Tecnológica de Alimentos, la más grande pesquera del Perú, dijo que al no tener que enviar toda su flota a capturar anchoveta pudieron destinar algunas embarcaciones con infraestructura de frío a capturar otras especies. “El resultado: capturamos 10.000 TM en la primera temporada”. Además, al obtener materia prima en buen estado, al igual como ocurrió con Pesquera Diamante y Austral Group, aumentaron la producción de las harinas de mayor calidad (y precio). En el caso de Copeínca, su gerente general, Samuel Dyer, sostuvo que el ahorro obtenido en combustible les permitirá destinar parte de esos recursos al cambio tecnológico en sus plantas, que operan con un antiguo sistema de secado.
¿MÁS BENEFICIOS?
Según Produce, otro de los efectos positivos de las cuotas es el alto precio que alcanzó la materia prima, que habría beneficiado sobre todo a los dueños de embarcaciones independientes (madera y acero). ¿La razón? Los precios que se pagaban por la tonelada de anchoveta pasaron de US$80 a picos de hasta US$180. Sin embargo, este aparente beneficio se convirtió en la pesadilla de once empresas que tienen plantas harineras pero no flota y que dependen de los independientes para abastecerse de materia prima.
Camilo Peirano, gerente general de Superfish, uno de los afectados, dijo que si bien es cierto que se previó que el precio de la anchoveta registrara un aumento, nadie pensó que alcanzaría precios “irracionales”, que los llevarían a incurrir en fuertes pérdidas. Y es que luego de que Pesquera Exalmar ofreciera bonos y un precio mayor al que se habría proyectado pagar (US$110 por tonelada), se inició un rally alcista, que a los que no tienen grandes espaldas financieras les costó seguir.
Lo usual es que el costo de la materia prima represente entre el 12% y 15% del precio de la harina. Sin embargo, en esos días se llegó a pagar hasta el 18%. “Una operación sencilla indica que si sumas esos US$180 más los costos de producción, la tonelada de harina vale US$1.094, cuando en ese momento se cotizaba en US$900”, explicó Pedro Reátegui, gerente general de Pesquera Coishco.
La teoría de Reátegui es que los grandes grupos empezaron a pagar precios excesivamente altos porque saben que con ello, tarde o temprano, terminarán sacando del mercado a los jugadores más pequeños. “¿Por qué pagarían precios tan altos con los que ellos también pierden o sacan un muy escaso margen?”, se pregunta.
Esta premisa la comparte el ex presidente del Tribunal del Indecopi, Juan Francisco Rojas. “Se da la apariencia de un pago ventajoso para embarcaciones independientes. Sin embargo, con esta acción se ha logrado poner en riesgo la continuidad de las plantas independientes que no tienen capacidad financiera para pagar los precios impuestos por los líderes”, opina.
Ricardo Bernales, director de Pesquera Diamante, y Samuel Dyer, de Copeínca, descartan de plano esa posibilidad. ¿Pero, entonces, qué los llevó a seguir el rally alcista? “No había otro camino, teníamos que cumplir con nuestra misma cuota del año pasado y eso se obtiene de lo que captura nuestra flota y de las compras a terceros”, dijo Speziani. Según Inurritegui, de la SNP, esta alza fue producto de la oferta y la demanda y será el propio mercado el que retorne el precio a la normalidad. La ministra Aráoz piensa lo mismo. “Pagar precios excesivamente altos no conviene a nadie. No creo que esto vuelva a repetirse”, agrega. Sin embargo, es posible que esta dinámica se repita. Miguel Ferré, catedrático de Política de Empresas del PAD Escuela de Dirección de la Universidad de Piura, dice que habrá que estar atentos a esta situación porque si desaparecen las plantas independientes la bonanza inicial de los armadores independientes de acero y de madera va a ser solo temporal.
Gerardo Gonzales, presidente de la Asociación de Armadores del Perú, gremio que cuenta con 28 asociados, reconoce que son favorecidos por los altos precios. No obstante, se pregunta si pasará lo mismo cuando quiebren las pequeñas pesqueras. “Hablan de la posibilidad de asociarse pero, quién querrá hacerlo cuando saben que serán presionados por los grandes. Además, es poco factible, pues más ganan vendiéndole a un tercero”, dice. Así, para Speziani, de Tasa, el negocio siempre estuvo en el mar. “Por las malas decisiones de algunos no se va a volver atrás con un sistema exitoso”, refiere.
PROYECTO PENDIENTE
Aráoz toma las cosas con calma. Dice que el análisis integral que realizará el Observatorio de la Gestión Pesquera Peruana, que integran la Universidad Cayetano Heredia, el World Wildlife Fund y otras entidades, les permitirá realizar una primera evaluación. “Este estudio también permitirá comprobar si existe alguna distorsión que deba corregirse”, dijo. Pero no es lo único. Su despacho ya trabaja una propuesta de ley para evitar cualquier mala práctica en la industria. Ferré añade que habrá que esperar un horizonte de no menos de dos años para tener una foto más clara de cómo se darán las cosas. Y no se equivoca. El tema laboral es uno de los temas pendientes en la agenda pesquera. La legislación para evitar los despidos e invitar, mediante un incentivo, al retiro a los tripulantes está bien diseñada. Pero falta ver cómo se aplica, pues aún son muy pocas las empresas que han informado a su personal sobre esta posibilidad. Hay que esperar, además, cómo se comporta la biomasa de anchoveta, y cómo reaccionan los grandes grupos pesqueros.
Juan Francisco Rojas dice que todo apunta a que el sector se concentrará aun más (oligopolio). Si algo está claro es que una segunda ola de compras en el sector (tras la venta de plantas y empresas) apuntará a la flota. Aráoz deja sentada su posición: “la constitución solo castiga el abuso de la posición de dominio, no a los monopolios”. No obstante, deberá hilar muy fino, pues solo el tiempo dirá qué ocurrirá.
AÚN SE EVALÚA EN EL TC
Pedido de derogaciónA fines del año pasado los miembros de la bancada humalista y algunos armadores de acero presentaron ante el Tribunal Constitucional un recurso para derogar el Decreto Legislativo N° 1084, que autoriza la implementación del sistema de cuotas individuales de pesca. Los nacionalistas cuestionaron que el Ejecutivo haya aprobado esta iniciativa aprovechando la delegación de facultades para legislar en materia de TLC con EE.UU. El Gobierno respondió que se necesitaba legislar para preservar la sostenibilidad de la anchoveta.
Fuente: Diario "El Comercio"

lunes, 3 de agosto de 2009

A la Zaga en Latinoamerica

El Perú invierte poco en ciencia e investigación

Destina apenas US$4 anuales per cápita; Brasil aporta más de US$60.

El más recordado de los hallazgos científicos en el Perú ocurrió hace 124 años y acabó con la inmolación de su investigador: a sus 28 años, Daniel Alcides Carrión se inoculó la sangre de una paciente infectada con verruga y demostró con su lenta agonía que esta y la fiebre de La Oroya eran la misma enfermedad. “Solo a él, que vivió en un ambiente de aventura perpetua, en su nativo Cerro de Pasco, se le pudo ocurrir que la inoculación de brazo a brazo demostraría la “inoculabilidad” de la enfermedad de un ser vivo a otro”, ha escrito el reconocido médico Uriel García.

— ¿Qué otro hallazgo científico de esta trascendencia se ha hecho en el país después de este?, le preguntamos al científico físico Modesto Montoya, ex presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear.

— ...Me pones en problemas — dice, pero continúa— hay algunas investigaciones que se están haciendo en universidades, propiedades de algunas plantas que se están descubriendo pero que todavía no llegan a la parte comercial. En la parte física se están investigando algunas sustancias químicas que al verterlas en el agua podrían potabilizarla…

El hombre de ciencias recuerda más descubrimientos aislados, pero pronto pisa la realidad. Si el número de registros de patentes mide el pulso del estado de la ciencia en un país (el invento se convierte en patente, y este en dinero para el científico y el país: así funciona el círculo), la nuestra es una situación más que angustiante. Basta mirar la infografía que ilustra esta página para entender que el Perú está en la cola del conocimiento: de 34 patentes registradas en 1993 se pasó a 28 en el 2007, número mucho menor incluso al de 1978, cuando se reportaron 50.

El discurso de las autoridades políticas —persistente y provocador— sobre la importancia del conocimiento en esta sociedad se queda, una vez más, en el papel. Según la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (una organización que maneja una base de datos de la región), el Perú invierte en investigación y desarrollo menos de 4 dólares anuales por habitante, mientras que Brasil supera los 60, Chile alcanza los 25 y Argentina bordea los 30. Comparación morbosa adicional: EE.UU. invierte por ciudadano 300 veces más: 1.200 dólares al año.

Conclusión: como el conocimiento o se compra o se produce, al Perú solo le queda comprar, y a precios muy altos. “La dependencia de las tecnologías extranjeras nos hace más pobres”, dice el presidente de la Academia Nacional de Ciencias, Roger Guerra-García. Hay un dicho recurrente entre los investigadores peruanos: ser científico en el Perú es como ser torero en Nueva York.

EXIGUO PRESUPUESTO El país, como sucede con varios otros campos, tiene una ley para la ciencia, pero, como sucede también con la mayoría de las mismas, es más retórica que práctica. Dice, por ejemplo, que el Concytec es el organismo rector del sistema nacional de ciencia y tecnología, pero en realidad no tiene competencia sobre lo que los institutos de investigación dispersos en los diferentes ministerios hacen o no.

“Cada instituto diseña su proyecto de manera independiente, y muchas veces las investigaciones se duplican”, explica Montoya. La falta de liderazgo —según él— se debe a que el Concytec no tiene rango ministerial y a que, por lo tanto, su presupuesto es escaso y sus decisiones no tienen peso.

El actual presidente de esta institución dependiente del Ministerio de Educación, Augusto Mellado, recuerda que el presupuesto se redujo dramáticamente durante el fujimorato hasta alcanzar los niveles actuales. “Aunque el año pasado se incrementó en S/.2 millones, ahora contamos con 14 millones”.

El Perú invierte solo el 0,15% de su PBI en el desarrollo de la ciencia; en Chile, es cuatro veces más. “La meta es alcanzar el 1,6% en cuatro años”, añade Mellado. Es optimista, pero Guerra-García no lo es tanto. “En el Congreso hay mucha ignorancia sobre el tema. Por ejemplo, en el Perú se gradúan no más de 10 doctores en ciencias al año, mientras que en Chile esta cifra se multiplica por diez; es esto lo que los debería preocupar, no el armamentismo”, dice.
La ciencia no es políticamente rentable porque no cumple dos principios básicos de la política peruana: inmediatez y visibilidad. Sus logros son a mediano y largo plazo, su impacto nada tiene que ver con ladrillos y cemento.

DECEPCIÓN ACADÉMICA“Estimados amigos:Les escribo estas notas desilusionado con el discurso del presidente García: ni una sola referencia a la ciencia. Un discurso con más de lo mismo, que tantos kilómetros de carretera, que tantas inversiones, que tanta mayor oferta de exportación de materias primas. Hubo sí, un deseo de que el Perú sea parte del primer mundo en el 2021. ¿Pero sabrá nuestro presidente que la única manera de ubicarse dentro de él es con desarrollo científico?...”

Así comienza la carta que el científico Víctor Benavides escribió el 30 de julio a los 40 miembros de la Academia Nacional de Ciencias. Su decepción es compartida por todos sus integrantes. A Montoya, hace unos días, un investigador estadounidense le respondió un correo que había escrito recomendando a una joven investigadora: “Su recomendación es un poco incoherente, si esta joven es tan buena, ¿por qué no tiene trabajo en el Perú?”, le dijo. Montoya, avergonzado, se pregunta: “¿Cómo le iba a explicar que la ley nos impide nombrar profesionales, aunque sean buenos?”.

EN PUNTOS
Ministerio o por lo menos rango ministerial

1. Los investigadores sostienen que el Concytec debería ser la entidad que centralice, canalice, oriente y lidere las investigaciones del país.

2. Modesto Montoya sostiene que es necesario tener un ministerio de la ciencia o que, por lo menos, el Concytec asuma un rango ministerial.

3. Argentina, Costa Rica y Brasil cuentan con un Ministerio de Ciencias, y en el caso de Chile, la Conacyt tiene rango ministerial.

4. Según Montoya, con un ministerio especializado, lejos de incrementarse el gasto, este se podría reducir pues se evitaría duplicar funciones entre los pequeños institutos con enormes cuerpos burocráticos.

5. Calcula que podrían ahorrarse US$ 30 millones.

Fuente: El Comercio

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